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Carta de Ignatus

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Tantas vueltas le di a esa idea que al final se convirtió en una  obsesión. Mi novia en manos de otro hombre. Entregar lo que  más quiero. Cuanto más humillante y salvaje fuese la escena más  excitante resultaría. Nunca me he atrevido a decírselo, siendo  ella una chica responsable y poco dada a las extravagancias.  Pero yo no podía más y esa idea no dejaba de rondarme desde  hacía meses. Tenía que buscar la forma de hacer realidad esta  fantasía.

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Mi novia,  Esmeralda, se iba a prestar a uno de nuestros  habituales juegos. Pero esta vez no iba a ser yo su amante. Le  había preguntado más de mil veces si había tenido fantasías con  otro hombre, siendo yo el único el primero y único en disfrutarla.  La respuesta era siempre la misma, solo tenía ojos para mí y  cualquier fantasía con otra persona era imposible. Ni me había  sido infiel ni tenía intención de hacerlo. Es más, no era nada  comprensible con las personas que lo hacen y mucho menos  con los que disfrutan de ello. La verdad es que llamar  reaccionaria a Esmeralda es quedarse corto. Por eso este juego  me lo tomé, en parte, como una venganza.

Di muchas vueltas hasta encontrar al sujeto que buscaba, no me  valía cualquiera. Cuanto más desagradable fuese el elemento  más me excitaría entregársela. Alguien que muy, muy salido, que  nunca hubiese disfrutado de una hembra tan excepcional.  Porque lo es, de eso no tengo duda. Puedo jurar que no es  obcecación por ella, siendo para mí la mujer más bella que  conozco. La describiré, aunque seguro me voy a quedar corto.  En primer lugar la edad: Esmeralda tiene 29 años y no exagero  al decir que es preciosa, vamos, una auténtica Venus. Desde  que la conozco, y va para 15 años, apenas ha cambiado. Tiene  un pelo magnífico, suave y muy cuidado. Le gusta llevarlo  recogido, aunque lo tiene largo, color castaño claro y muy liso.  De su cara sus ojos verdes, grandes y vivos, con unos labios  dibujados con carboncillo y un cuerpo que más parece un  pastel. Los pechos, talla 90, muy firmes, blancos y suaves, con  unos pezones grandes y sonrosados. Su cintura estrecha, su culo  hermoso y una discreta entrepierna que siempre trata de ocultar,  le da cierto reparo desnudarse y mostrar tales maravillas y eso que hace más de 15 años que me  permite disfrutarla. Tenía y tiene, la piel más perfumada  y nívea  que conozco, por eso su amante debía ser la antítesis.  Es una  mujer elegante, aficionada a los trajes chaqueta de marca y  enemiga acérrima de las minifaldas, tops y escotes descarados.  Gasta mucho dinero
en ropa y en cuidarse, no escatimando en cremas y demás  potingues.

Tardé varias semanas en encontrar al perfecto "follador". Paraba  en una cervecería próxima a mi casa, era peón en una obra  cercana y acudía todos los días a comer con varios compañeros. Se llama Jos. Vino a España hace varios  años desde de Guinea y desde entonces se ha ganado la vida  currando en las obras de la zona. Me pareció tan alto como yo,  pero mucho más corpulento y muy, muy feo. Grotesco incluso.  Con unos labios enormes, agrietados; unos dientes roñosos,  sucios, descolocados y enmarcados por una barba rizada,  siempre a medio crecer. Su  piel era áspera, como curtida y con  unas uñas sucias por el trabajo. Las cremas que se echa mi  novia se habrían evaporado en la piel de este sujeto, tal es su  sequedad. Solo imaginármelo con ella me excitaba enormemente.

Le contraté en mi casa para algunas chapuzas y un día, de  pasada, le presenté a mi novia. Ella venía del trabajo, es  ejecutiva de publicidad. Llevaba un buen traje con pantalón. Al presentarle al sujeto le dio poca importancia,  mostrando cierto desprecio. Porque Esmeralda algo clasista y  en ocasionas más racista que Hitler. Durante varios años he  tratado de intentar bajarle esos aires y ya puedo decir que  excepto en esta ocasión, he fracasado. Él apenas la miró,  mantenía la vista agachada, contemplándose las manos. Todo  lleno de yeso y con el mono más raído del mundo. Cuando se  marchó le pregunté por ella, ya había suficiente confianza para  ello. Me dijo que le parecía muy bonita, un bombón, aunque  algo estirada. Aún tenía reparos en decirme la verdad, pero sus  ojos le delataban, se la habría comido allí mismo. ¡Perfecto!, el  juego estaba en marcha.

Mi novia y yo teníamos un lugar estupendo, en una apartada  vaguada de un pinar cercano a Madrid. Un lugar donde  habíamos llevado a cabo nuestras fantasías y donde acudimos  esporádicamente desde hace 10 años. Nunca encontramos a  nadie. No hay casas en varios kilómetros y mira que es difícil en  Madrid. Nos gustaban los juegos y más de una vez la había  atado para hacerle el amor. Así que le propuse repetir,   prometiendo que iba a ser lo más excitante de su vida.

“¿Te gustaría follarte a mi novia verdad?”, le pregunté al  muchacho mientras trabajaba en el jardín. Vi que era un tío muy  mañoso y concienzudo, tanto mejor.

“No. Es tu novia, solo te dije que es muy guapa.” Hablaba en un  mal castellano y con cierta vergüenza. Según me había contado,  en su país las mujeres tienen un papel muy distinto. Ellas ni proponen, ni disponen, tan solo se prestan a lo que quiera su marido. Por eso, le sorprendía que aquí en España  disfrutasen de mayor protagonismo. Aquí le imponían mucho respeto, tanto que llevaba casi 5 años sin  acostarse con ninguna.

“Pues yo quiero que lo hagas. Incluso soy capaz de pagarte por  ello. Yo no puedo hacerle el amor (mentira) y quiero que ella  disfrute con alguien.” “¿Lo dices en serio?, me parece que no le gusté demasiado.” “Ya lo creo que sí. Te la pondré en bandeja y podrás hacer lo  que quieras con ella ... todo lo que quieras. Quizás estuvo un  poco seca contigo, pero ya te digo que seguro va a disfrutar.  Engaña mucho, pero cuanto más desagradable te pongas y más  te aproveches de ella más disfrutará y se excitará, créeme.”“¿Cómo lo voy a rechazar?, ¿Cuando? ...estoy impaciente.”

Sería el próximo sábado. Yo estaba impaciente, pensaba que el  negro se masturbaría toda la semana pensando en ello. La cara  que puso al oírlo era increíble, como si le hubiera tocado la  lotería. Una mujer increíble, con la que todo el mundo hubiera  soñado, dispuesta a hacerlo todo.  Cualquier perrería que se le  pasase por la cabeza, cualquier obscenidad, aquello que no se  había atrevido a hacer con otras. En fin, la oportunidad de su  vida. A mí, sólo pensar en ello me excitaba inmensamente. Esa  semana no podía evitar verla de diferente manera. Veía su  cuerpo y me lo imaginaba en otras manos. Evité hacer el amor  con ella con diferentes pretextos, la quería super excitada.  Incluso compré unas pastillas que me habían recomendado y  que la pondrían al límite. En esos momentos ella no se esperaba  lo que vendría encima.

Llegó el sábado. Quedé en el pinar con él a las siete de la tarde.  Era verano y teníamos luz hasta las 10 de la noche. Yo quería  verlo todo a la perfección, era mi gran momento. Ella también  estaba excitada. Aquellos juegos en los que la dominaba  siempre le habían gustado. La ataba a un árbol y disfrutaba de  ella, con paciencia, un buen rato. La excitaba sentirse entregada  y en mis manos. Con los ojos cerrados y dejándose hacer.

Entramos en el bosque charlando de cosas sin importancia. Una  vez en el lugar lo dispuse todo. Ella llevaría tan solo unas bragas  blancas de esas que son altas por los lados y un sostén estupendo, de los que se abren por delante. El  conjunto se lo compré expresamente para ese momento y  pensando más en los deseos del albañil que en los míos. Tapé  sus ojos con la venda negra que habíamos utilizado en otras  ocasiones.  Ella temblaba de excitación. Después le até las  manos a la espalda con una buena soga, la puse de rodillas y le  di un beso en la boca. Estábamos muy calientes y la espera  todavía la iba a excitar más. Me alejé unos cinco metros,  apoyándome sobre un árbol. Me puse cómodo. He de  reconocer, que no fiándome del sujeto en cuestión, cogí un buen  cuchillo por si la escena degeneraba demasiado. Al fin y al cabo  él no era más que un desconocido y ante tan extraordinario  panorama podría volverse loco.

A las 7 menos cuarto llegaba Jos con una camiseta de tirantes  muy sucia y un pantalón corto rojo. Venía a paso ligero, seguro  que ya llevaba un rato observando. Nuca me había parecido tan  grande. Unos brazos enormes, oscuros y fuertes, con las manos  más desmesuradas que haya visto, casi parecían talladas en  madera. Cuando la vio medio desnuda y de rodillas en mitad del  bosque, abrió mucho los ojos y me sonrió malévolo. Era mirada  significaba una cosa, se iba a poner morado.

“¿De verdad quieres que lo haga?”, dijo en voz baja. Era mi última oportunidad. Quizás ver a semejante individuo  sobre mi novia no mereciera tanto la pena. Podía enfurecerme y  acabar mal. Sobre todo cuando había creado tales expectativas  en este sujeto. Vamos que pude distinguir el bulto entre sus  piernas a varios metros de distancia. Y yo sabía que no iba a  haber compasión. Pero ya era tarde, no podía echarme atrás.

“Es toda tuya, haz lo que te plazca, tan solo te pido que no la  beses, no le hagas daño, no digas una palabra ... ah y no me  mires.” Ella oía un murmullo y movía la cabeza para escucharlo  bien, pero los pájaros y el viento enmascaraban nuestras  palabras. “Bien, pero no quiero que te arrepientas y me cortes la faena.  ¿De verdad tengo libertad?” “Te lo juro, podrás hacerlo donde  quieras y como quieras, está a tu disposición, y ya ves que  mujer más hermosa no vas a encontrar. No te preocupes por  dejarla embarazada, toma pastillas, así que puedes hacerlo a  pelo.” “¿No me molestarás para nada?” “No lo haré.”

Jos no quiso esperar más y se acercó a ella con paso firme.  Estaba impaciente. Cuando Esmeralda le oyó levantó la cabeza  y se puso más erguida. Se mordía el labio inferior y se pasaba la lengua para tenerlos más apetecibles aún.  Ella también se impacientaba. Jos se acercó a pocos  centímetros, colocando su pelvis muy cerca de esa linda boca  que yo tantas veces había besado. La observaba con paciencia,  quería disfrutar del momento, su momento. En la vida se habría  imaginado la escena. Él  de pie, con una preciosidad arrodillada a sus pies y con permiso  para hacerle de todo. Una mujer pidiendo que se aprovechen de  ella. Dio varias vueltas estudiando la jugada. Observó como sus  pechos palpitaban, luego dio la vuelta contemplando su culo  apoyado en los gemelos y los pies desnudos sobre la broza del  pinar. Estando ahí detrás la cogió por la nuca bruscamente y la  puso de pie. Ella gimió. Después Jos paseó sus dedos por el  borde de sujetador con gran paciencia, mientras sacó una  enorme lengua y se la paseó por la mejilla derecha, acabando el  recorrido en la oreja. A ella eso le encantaba. Mientras sentía el  aliento tan cerca se estremecía de gusto. Jos la trataba con  descaro, cogiéndola de la cintura y apretándola a él. De pronto  se apartó, metió una mano en el bolsillo y sacó una navaja muy  mellada. En ese momento me sobresalté bastante al ver el arma.  Aún así, yo estaba muy excitado y solo con verla así frente a él, ya había tenido el primer orgasmo.

Jos no quería abrir el sujetador por el broche. Metió la hoja de  la navaja entre las dos copas del sostén y lo cortó súbitamente.  Los pechos saltaron libres. Él no quería esperar más, así que  apartó el sujetador y dejó sus senos totalmente al descubierto  observándolos con deleite. Sus ojos se abrieron ante tal  panorama. No tenía prisa y seguro que nunca había visto nada  tan bello. Unas tetas blancas, turgentes y suaves, con un olor  delicioso y todas para él.

Al poco rato empezó a amasar esos pechos con total descaro.  Los estrujaba como yo nunca lo había hecho, pellizcando con  cierto sadismo los pezones y jugueteando sin cesar. El bulto de  su entrepierna crecía y una mancha en su bragueta le delató,  estaba teniendo sus primeros orgasmos. Realmente llevaba un  tiempo largo sin tener una mujer entre sus manos y esta, según  me contó, era la primera chica blanca con la que se lo hacía.

Jos no tardó en colocar sus labios y succionar con avidez. Unos  labios enormes, arrugados que movía con desesperación. Los  lamía como si fuesen helados y se los metía en la boca. Ella  mientras gemía, retorciéndose de placer. Y yo a pocos metros  creía reventar, aún hoy, mientras escribo y recuerdo la escena  me enciendo. Jos parecía disfrutar con el sabor de esas  increíbles tetas. Sus dedos no tardaron un deslizarse lentamente  hacia el coño. Le reconozco su paciencia, yo ya la hubiera  penetrado. Esa mano tan grande y repelente bajó del pecho  izquierdo, por el vientre hacia la pelvis. Después pude ver como  introdujo los dedos por debajo de las bragas y
empezó a pasearlos por el bello púbico, jugueteando entre lo  rizos. No tardó  demasiado en bajar un poco más, metiéndolos  entre las piernas sin llegar a penetrarla. Ella gimió con más fuerza, estaba muy, muy húmeda. Jos sacó  los dedos y los olió. Entonces me miró y puso cara de deleite.  Yo le había dicho que no me mirase pero, la verdad, es que no era momento de reprobaciones y él se estaba  portando como un profesional. Al principio yo creía que iba a  llegar y se la iba a follar un par de veces, sin más misterios. Pero  aquello parecía una escena de película X.

En fin, los dedos estaban totalmente húmedos, como los muslos  de mi novia. Hacía rato que se corría de gusto, como yo nunca  lo había visto. Jos volvió a sacar la navaja del bolsillo y cortó los laterales de las bragas, dejándolas sujetas  por debajo y descubriendo los primeros bellos de su pubis.  Después se las arrancó, tirándolas junto a mí. La paciencia del  muchacho se agotaba. Ella se retorció, intentando ocultar su  sexo, pero ya estaba totalmente desnuda y su coño esperaba ser  ocupado cuanto antes. Pero aún le quedaba un rato.

Yo nunca había estado tan excitado. Aunque, por otra parte,  deseaba que algo  interrumpiese la escena. Impedir que  humillase aún más a mi novia. Hasta ese momento ya había sido  suficientemente interesante ... pero ya no había marcha atrás.

Jos apoyó sus manos en los hombros de Esmeralda y la puso de  rodillas ante él. Ya sabía o lo que venía ahora. Antes de  follársela quería un completo, que ella se la chupase. Pero antes  se fue a su espalda y le desató las manos para que "trabajase  con libertad". Yo sabía que Esmeralda no iba a descubrir sus  ojos. Permanecía quieta, colocando los brazos delante y  cubriéndose el sexo aún con algo de pudor. Jos se puso en  frente mientras se relamía. Aún estaba totalmente vestido y cada  vez más  impaciente. De pronto se bajó la cremallera y rebuscó  por el orificio. Su polla estaba a reventar, así que tuvo que  bajarse los pantalones y los calzoncillos. Por aquello de los  tópicos y siendo Jos un tío bastante corpulento, pensé que el  aparato sería  impresionante y lo cierto es que lo era, aunque no  tanto como me había imaginado. Cerca de 20 centímetros, muy  grueso y negro como el azabache. Parecía, eso si,  mucho más  brutal. Con venas descomunales. Desde luego parecía mucho  más ancho de lo normal. En la punta un glande tan enorme como  sonrosado y en la base una gran fronda de pelos. Ella se mojó  los labios, presintiendo impaciente el momento de la  mamada.  A mi las fellatios me encantan, pero lo cierto es que Esmeralda  no se prodigaba mucho. Aquel día era una excepción, no sé si  fruto de las pastillas, del momento o ambos. Jos cogió su  instrumento y se la apoyó en la mejilla invitándola a jugar. Yo  me moría viendo como restregaba aquella enormidad en el  precioso rostro de mi novia. Pero Esmeralda no esperó mucho.  La cogió con las dos manos y empezó a darle besos  delicadamente de abajo a arriba. Colocaba la boca en forma de  O y besaba con deleite la punta, abriendo un poco y  saboreando parte del glande. Unos besos sonoros, largos,  aspirando el olor y notando en la punta de los labios todos los  detalles.

En ese instante ella debió notar que ese no era mí aparato. Olía  diferente y aunque era de similares dimensiones, parecía más  hosco y más grueso. De estar en frío seguro que la habría  rechazado asqueada, pero en aquel momento, mientras entre sus  piernas brotaba tanto liquido, hubiera hecho cualquier cosa que  le pidiesen. Y así fue. En un primer momento titubeó, pero la  excitación podía más, así que de los besos pasó a los lametones.  Aún pequeños y tímidos, con la punta de la lengua recorriendo  los laterales del pene. Así es como me lo hacía siempre, pero  Jos no era yo y quería correrse cuanto antes. Sin chorraditas.  Mientras ella lamía retraídamente la agarró de la nuca y le metió  la mitad de la polla en la boca. Pude ver como ella casi se  ahogaba. Sin contemplaciones. Él la movía arriba y abajo y ella  se dejaba hacer. Esmeralda le puso una mano en el culo y otra  en los testículos, masajeándolos con cierta habilidad. Una  habilidad desconocida para mí. Pero quería sentir el calor  humano así que se arrimó, apoyando su pecho sobre los muslos  y restregándose. Verla tan blanca, preciosa y enroscada en las  piernas renegridas de aquel gañán... es una imagen que no  olvidaré por muchos años que pasen.

Jos no podía esperar más. De pronto paró y empezó con  grandes espasmos a correrse dentro de la boca. Ella se  sorprendió aún más, yo nunca lo había hecho. Pero agarró el pene y siguió moviéndolo, casi diría que ordeñándolo, hasta  que expulsó todo lo que tenía, salió de la boca y con él  borbotones de semen caliente y muy blanco. Yo me moría. La  leche salía viscosa y en cantidad, como nunca lo había  imaginado. Salpicando su cara y resbalando por los pechos. Si  hubiera tenido una cámara de fotos hubiera sacado una increíble  instantánea pornográfica. Jos gruñía y se convulsionaba mientras  mi novia le vaciaba los testículos, apretándolos para sacar todo  el jugo. Ella no podía estar más excitada con el baño. Empezó a  restregarse la viscosidad por todo el cuerpo, sacando la lengua  y saboreándolo con absoluto deleite. Desde luego eso no lo  había visto en ninguna película porno. Nuca pensé en verla así,  tan seria, tan estirada y ahora saboreando la leche caliente de un  desconocido y frotándosela por todo el cuerpo como si fuese  aceite de baño. Él la estaba disfrutando más de lo que yo en 15  años y encima me encantaba.

Tuvo su primer orgasmo sin siquiera tocarse el coño. Después  quedo tendida y totalmente desnuda, con las piernas cerradas  sobre la broza de los pinos.

Pero a Jos no le había parecido suficiente, así que no tardo en  agarrarle las tetas casi con desprecio y comenzar de nuevo el  masaje. Poco le importó que estuvieran llenas de semen. Las estrujaba con avidez con una mano mientras con  las otra buscaba el coño. ¡Qué manera de frotar!. Ella parecía  dispuesta, así que abrió las piernas y cogió las manos del negro, conduciéndolas y apretándolas contra su piel. Al rato ella las  había conducido a su sexo, apretándolas con fuerza. Esas  manos tan ásperas y grandes no podían ser las de su novio, las mías. Pero no parecía  importarle. Esmeralda se incorporó un poco mientras él la  manoseaba. Ella gimió cuando entró el primer dedo. Le agarró  la polla y empezó a menearla, pretendiendo ponerla en forma de  nuevo. Jos se puso de rodillas, le había gustado mucho la  hermosa boca de mi novia así que se la volvió a poner en los labios. De verdad pensé que le iba a quitar  el color del pene, desde luego, el sabor se lo quitó. Ella volvía a  lamer de una forma que yo nunca
habría imaginado, casi diría que con apetito, con voracidad.  Cuando el cacharro  estuvo duro como una piedra y húmedo  con la saliva de Esmeralda, ésta se tendió, invitando a la penetración. Jos se echó encima sin demasiado  cuidado y la clavó con rapidez. La vagina no podía estar más  lubricada así que no había problemas. Esmeralda gemía con  fuerza, sabiendo quizás que yo estaba cerca y que con ello haría  aún más grande mi cornamenta. Él empezó a envestir con furia.  Le mordía el cuello y agarraba su culo con fuerza salvaje. Los orgasmos no tardaron  en llegar. Primero los de ella. Sonoros y seguidos. Después el  de Jos que parecía rugir mientras inundaba a mi novia con un  nuevo baño de semen. Pocas veces lo había hecho así, a pelo,  con una hembra tan limpia y dispuesta.

Ella respiraba como si le faltaba el aire. La venda de los ojos se  le había movido y creo que vio por unos segundos al hombre  que la estaba follando de semejante manera. Un tipo extraño, al  que tan solo había visto una vez y que, según reconoció, le  parecía repugnante. Vaya con la racista. Pero lejos de gritar  Esmeralda se colocó de nuevo la venda como si nunca se  hubiese movido. Cogió la cabeza de Jos por la nuca y le besó  con ganas. Un beso largo, lúbrico y apasionado.

“Ha sido fantástico. Quiero más, lo quiero todo.” Pero poco le  interesaban a Jos los besos, y más sabiendo que podía hacer  cuanto quisiese. Además ella aún tenía restos de semen en la  boca y eso a él no le hacía demasiada gracia. Así que no  contestó y apartó sus labios. Se puso de rodillas, la observó con  detenimiento y de pronto le dio la vuelta bruscamente. Ella se quedo boca abajo, con su cuerpo  desnudo sobre la tierra. Pero no parecía importarle.

Ahora el culo era el gran protagonista. Tan blanco, tan redondo  y apetecible ... toda una provocación. Jos no iba a dejar pasar  la oportunidad de sodomizarla. Yo nunca había pasado de manosearlo, a ella le encantaba. Pero ay, ese  orificio tan  delicioso, que yo nunca había llegado a conocer... Para ella también era la  primera vez, para él estaba claro que no. El negro metió dos dedos en su vagina, humedeciéndolos y  utilizando aquellos jugos para lubricar tan estrecho agujero. Una vez conseguido introdujo esos mismos dedos en el ano, dilatándolo y preparándolo para la   penetración. Ella se dejaba hacer y volvía a gemir, sin atisbo de dolor  alguno. Para mí ya era demasiado, verla tendida sobre un suelo tan sucio,  retorciéndose de gusto, gimiendo y con un extraño explorándole el ano. En fin, más de lo que nunca había imaginado

La polla de Jos no tardo en llegar. La colocó sobre el ano y la empujó  lentamente hacia el interior. Mientras, con una de sus manos abría los cachetes  para facilitar la maniobra, con fuerza ... arañándolos. Esta vez le costó un  poco más. Luego pude ver como ella tenía grandes marcas por todo el cuerpo, arañazos en el culo, moratones, mordiscos en el cuello y en los pechos. Vamos que  la dejó convaleciente, o ella a él, según se mire.

Esmeralda se tocaba por delante, consiguiendo otro gran orgasmo. Pero a Jos,  tras aquel par de corridas increíbles, parecía no quedarle más leche.

Era la tercera y última corrida. La soltó en lo más profundo de mi novia, con  todo el pene dentro del ano. Este se había dilatado enormemente y parecía no  tener problemas en recibir aquel instrumento. Jos se quedó tumbado encima de  ella, en silencio, con su polla aún dentro. Soltando los últimos chorros de  leche dentro. Ella permanecía debajo, suspirando, mitad sudada y mitad cubierta  de semen. Había tenido un nuevo y extraordinario orgasmo.

“Me ha dolido un poco, pero ha sido fantástico. Aún tengo tu sabor en la boca,  dame más... hazme lo que quieras.”

Jos abrió mucho los ojos y entonces me miró con cara de sorpresa. La había  penetrado por sus tres agujeros y los tres estaban ahora llenos con su esperma.  La había sobeteado incansablemente y chupado todo el cuerpo y ella quería más.  A mi me pareció que si hubiera habido tres hombres más se lo hubiera hecho  salvajemente con los tres.

Pensé que se la volvería a meter an la boca, le había gustado tanto la mamada  que hubiera sido lo más normal. En fin, tenía donde elegir y ella no podía  estar más dispuesta. Pero Jos se levantó lentamente, dejándola desnuda boca abajo. Sacó su pene que aún permanecía algo empalmado y chorreante, del ano. El  cuerpo de Esmeralda brillaba cubierto de semen. Él me volvió a mirar. Estaba  impresionado, pero se subió lo pantalones y reaccionó como yo  nunca me habría pensado. Bajó la mirada, observó a Esmeralda  desnuda retorciéndose a sus pies y la escupió en
la espalda con desprecio, marchándose de allí.

He tratado de evitar el bar y nunca más lo he visto. Reconozco  que me daría vergüenza. Aquel fue el momento más excitante de  mi vida, aunque nunca me he atrevido a repetirlo. Tampoco he  hablado con ella de esto. Si, me dijo esa misma tarde que había  disfrutado una barbaridad y que tenía el coño y el ano algo  irritados, aunque había merecido la pena. Yo estaba como loco.  Mientras ellos follaban me masturbé tres veces. Y he de decir  algo en mi favor. Cuando él se fue, cogí a Esmeralda, que aún  tenía los ojos tapados, y repetimos la jugada... desde el  principio.

Ignatus

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Rocío Medina                ICQ: 127357948
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